SALUD INFANTIL

fisioterapeutas infantiles confiesan: la verdadera razón por la que a tu hijo le está saliendo chepa — y la clave para frenarlo antes de que sea demasiado tarde 

Probablemente te pensabas que era la mochila. O que estaba dando el estirón y se le pasaría con la edad. 

 

O que era cosa suya, por sentarse mal, y que tenías que insistirle aún más en que se pusiera recto.

 

Pues no. Ni es culpa de la mochila, ni suya por a veces sentarse encorvado.

 

Es otra cosa. 

 

Algo que cada día le está deformando la espalda a cientos de niños en España, sin que sus madres se den cuenta. Como probablemente te ha pasado a ti.

 

Y es algo que deberías solucionar cuanto antes - para ello lee lo siguiente con atención:

Marta Vidal

Meses viendo cómo a mi hijo se le encorvaba la espalda y riñéndole sin parar, hasta que una fisioterapeuta me explicó algo que lo cambió todo.

Seamos sinceras.

 

No hay nada más desesperante que ver cómo a tu hijo se le va torciendo la espalda un poco más cada día. Y no poder hacer nada para evitarlo.

 

Se lo dices mil veces. "Ponte recto." Y se pone recto tres segundos. Y vuelve a encorvarse.

 

Le quitas peso de la mochila, le compras una silla mejor para que se siente recto a hacer los deberes. 

 

Haces con él los ejercicios de postura que te mandó el médico.

 

Y aun así, cada día lo ves un poco más metido de hombros. Con la chepa un poco más marcada. 

 

E incluso algunas mañanas comienza a decirte que le duele la espalda.

 

Hasta que llega un punto en que ya no sabes qué más hacer.

 

Pero lo peor no es eso.

 

Es imaginártelo de mayor. Con esa espalda torcida, necesitando un corsé — un aparato de esos que tiene que llevar todo el día, incomodísimo y humillante a su edad. 

 

Que no le deja hacer deporte con normalidad y que hace que los otros niños le miren como al rarito. 

 

¿Pero sabes que es peor aun?

 

Saber todo el esfuerzo que como padre has puesto para evitarlo y que aun así haya llegado a ese punto. 

 

Y esto es mas común de lo que piensas, porque de media:

más del 75% de madres se gastan cientos de euros en cosas que siguen empeorando la espalda de su hijo, antes de descubrir esto

Cuando ven que la joroba de su hijo cada día va a peor y que no basta con los mil "ponte recto que le dicen al día"  lo prueban todo.

 

Quitarle libros a la mochila, o ponerle una ergonómica porque piensan que es el peso lo que le fastidia la espalda. 

 

Ponerle una silla buena para los deberes, porque crees que se sienta mal y que es eso lo que le tuerce.

 

Correctores y ejercicios de postura, para no tener que repetirle ochenta veces al día que se ponga recto. 

 

Y hasta lo apuntas a natación, porque te han dicho que va bien para la espalda.

 

Sillas, correctores, clases, alguna consulta privada para que no te hagan esperar meses...

 

Fácilmente cientos de euros. Y nada de eso te funcionaba. Porque sigue con la espalda, igual o peor.

 

Ya que ninguna de esas cosas iba a la razón real que hay detrás de esa deformación de la espalda.

 

Y cuando llevas meses así —probando, gastando, sin encontrar nada que funcione— empiezas a imaginarte el futuro. 

 

Y da miedo.

 

Te lo imaginas de mayor, con esa espalda torcida para siempre. En las fotos, encorvado. 

 

Encogiéndose para que no se le note. 

 

Con un corsé. Y con dolores que ya no se van, peores que los tuyos con la ciática.

 

Porque la columna de un niño ahora mismo justo está blanda, todavía se está formando. 

 

Y cada día que pasa, esa deformación se marca un poco más. 

 

Hasta que deja de ser una postura... y pasa a ser la forma "natural" de su espalda.

 

Y ahí ya no hay vuelta atrás.

 

De hecho queda menos tiempo de lo que piensas para llegar a ese punto -  cada noche tu hijo esta un poco más cerca.

 

¿Por que?

 

Porque el problema no está donde tú crees, esta en un punto donde casi nadie mira. Y hasta que no lo mires bien no lo podras resolver.

 

Pero tranquila, porque es justo lo que estás a punto de descubrir.
 

una fisioterapeuta pediátrica revela lo que la mayoría de madres no descubren hasta que es demasiado tarde

Nuria es fisioterapeuta pediátrica, especializada en espaldas. Lleva más de veintiocho años trabajando con niños. 

 

Empezó tratando de todo, pero pronto se dio cuenta de que había un caso que se le repetía en la camilla más que ningún otro.

 

El del niño encorvado.

 

Madres que lo habían hecho todo bien. Que le corregían la postura y todo... pero con niños a los que la espalda se les seguía deformando igual.

 

"Yo veía a esas madres irse con sus ejercicios, haciéndolo todo como Dios manda. Y a los meses volvían con el niño más encorvado que antes. Y no sabía qué más decirles. Estaba haciendo lo que me enseñaron, lo que hacen todos mis compañeros. Y aun así no bastaba, mis pacientes no se recuperaban. Y eso no me dejaba dormir."

 

Así que se paró. Cerró la consulta una temporada y se tomo un tiempo para estudiar el tema a fondo y encontrar una solución. 

 

Leyó todo lo que encontró, habló con especialistas de otros países, y se puso a analizar qué le pasa al cuerpo de un niño durante todo el día 

 

Buscando encontrar que es lo que podía estar deformando su espalda, 

 

Acabo se fijándose donde nadie mira; 

 

Mientras duerme.

 

En ese momento lo entendió todo, pero lo comprobo finalmente con un caso concreto.

Así cuenta el caso Nuria; 

 

"Vino una madre con su hijo, de diez años. La espalda ya se le había ido mucho, se le notaba la chepa de lejos. Y esa madre había hecho de todo, lo había intentado durante años.

 

Cuando llegó a mi consulta ya era casi tarde: traía una cita puesta para tomarle medidas de un corsé. El médico no quería esperar más."

 

"Le expliqué cuál era la verdadera causa. Le cambiamos una sola cosa de cómo dormía el niño. Nada más. Y le dije que le diera unas semanas antes de la cita del corsé."

 

"Al mes y medio volvieron a la revisión. Y la propia doctora se sorprendió de la mejora. Aplazó el corsé. El niño se estaba enderezando solo. Ahí lo entendí del todo."

 

¿Y cuál era esa única cosa que le cambió?

 

La almohada.

 

Y te estarás preguntando: ¿la almohada? ¿En serio?

 

Pues sí. Y esto es lo que dijo Nuria sobre ello:

 

"Una almohada normal le coloca mal la cabeza durante diez horas seguidas, cada noche. 

 

Y eso le arrastra toda la columna a una curva. 

 

Y como la columna de un niño todavía está blanda, se va amoldando a esa curva poco a poco, hasta que se queda así. No pasa de un día para otro. 

 

Pasa mientras nadie mira. Mientras el niño duerme, y tú lo crees descansando."

 

"Por eso todo lo demás falla. Los ejercicios, la silla, el corrector... pelean unas pocas horas de día. 

 

Y luego llega la noche, y la almohada vuelve a torcer lo poco que habías conseguido. 

 

Diez horas contra unos minutos. Siempre gana la noche. Por eso la espalda mejora un poco y vuelve a caer. Siempre vuelve."

 

Y ahora tu estarás preguntándote, en serio ¿Como el sueño puede estar deformándole la espalada, si mi hijo duerme bien y su almohada aparentemente "cómoda"? 

 

Aparentemente tu misma lo has dicho, pero lo que no puedes ver es lo que esta haciendo su cuerpo en el interior 

 

Por eso para que lo entiendas del todo, te cuento exactamente que es lo que le pasa a la espalda de tu hijo cada noche mientras duerme y porque le deforma. 

 

Léelo con atención — porque cuando lo comprendas, todo cambiara.

 

Y puede que sea la diferencia entre que tu hijo acabe necesitando corsé o no

aquí tienes exactamente lo que le pasa a la espalda de tu hijo cada noche, y lo que hace que vaya enchepado

Para que entiendas cómo una simple almohada puede estar deformándole y haciendo esto piensa por un momento dónde pasa tu hijo más horas seguidas, quieto, en la misma postura.

 

No es sentando en el cole, en el cole siempre esta correteando de arriba para abajo, de aquí para alla...

 

Es en la cama. Y como dijo la experta Nuria, ahí es donde se decide la forma de su espalda — por todas esas horas que pasa en la misma postura.

 

Pues mira lo que ocurre. Tu hijo probablemente duerma en una almohada normal, como todo el mundo.

 

¿Y qué pasa con eso? Pues que es demasiado alta para el cuello de un niño, y eso le empuja la cabeza hacia arriba y hacia delante.

 

Al irse la cabeza hacia delante, la barbilla se le cae hacia el pecho.

Al caer la barbilla, los hombros se le van hacia dentro.

 

Y al meterse los hombros, la columna no tiene más remedio que curvarse hacia delante. En forma de C.

 

Tal y como en la foto que ves arriba.

 

Por fuera se ve aparentemente medio normal, o un poco curvado, pero su columna está así, en forma de C durante toda la noche.

 

Diez horas. En esa misma curva.

Pero eso no es lo peor. Lo peor es que la columna de un niño todavía se está formando.

 

Está en desarrollo, entonces es blanda. Se moldea. Y se moldea sobre todo mientras duerme, que es cuando el cuerpo hace su trabajo de crecer.

 

Así que lo que pasa con esa curva cada noche es que los músculos de delante se acortan. Que los de la espalda se debilitan. 

 

Y que las vértebras, una a una, se van amoldando a la curva. Un poquito más cada noche.

 

Tan poco que no lo notas de un día para otro. Pero un mes después la chepa se marca un poco más. 

 

Y seis meses después, bastante más.

 

Y de hecho, te darás cuenta de esto, ya que algunas mañanas te dice que le duele la espalda y te quedas sin saber por qué.

 

Pues es de ahí mismo.

 

Cuando la espalda pasa diez horas doblada en esa curva, los músculos se pasan toda la noche en tensión, aguantando el tirón.

 

No descansan. Por eso amanece con la espalda cargada.

 

Por eso te lo dice al levantarse y por la tarde ya casi ni se acuerda.

No es una excusa que se inventa para no ir al cole, es que le duele de verdad.

 

Y por eso muchas veces llega la tarde y está como una pila sin batería, porque no ha podido descansar bien.

 

Nuria, la experta, le puso nombre a todo esto. Lo llama el molde nocturno.

 

Porque eso es exactamente lo que es. La almohada mete a tu hijo, cada noche, durante diez horas, en un molde torcido.

 

Y su columna, que todavía es blanda, se va fabricando con la forma de ese molde.

 

Y ahora te estarás preguntando: vale, pero ¿y qué puedo hacer para solucionarlo?

 

Pues la respuesta la tienes tú misma:

 

Si un molde torcido, noche tras noche, es lo que le deforma la espalda...

 

...entonces el molde correcto, noche tras noche, se la puede enderezar.

 

Y las mismas diez horas que hoy son el problema, pueden ser mañana la solución. Sin ejercicios. Sin broncas. Sin que tu hijo tenga que hacer nada.

 

Solo cambiando el molde sobre el que duerme.

 

Y ese molde correcto es una buena almohada.

 

Y eso es justo lo que la especialista Nuria le dio a aquella madre — y con lo que consiguió frenar la deformación de su hijo, que estaba a punto de acabar con el corsé.

 

Pero ojo: no vale cualquiera. Debe cumplir una serie de cosas que Nuria, con más de 28 años de experiencia, nos va a explicar aquí abajo.

las tres cosas que debe cumplir una almohada para hacer de molde recto y mantener la espalda de tu hijo en la postura correcta

Para que una almohada NO le empuje sin darse cuenta la cabeza hacia delante, NO le doble la barbilla contra el pecho, NO le meta los hombros hacia dentro NI le deje la columna diez horas doblada en esa C

 

Y haga de "molde recto"  para corregirle la postura a tu hijo, tiene que cumplir tres cosas al mismo tiempo.

 

Las tres a la vez. Si falla una sola, no sirve — porque las tres actúan en conjunto: cada una se encarga de romper un eslabón distinto de la cadena, y con que uno solo quede suelto, la cabeza acaba cayendo otra vez donde no debe y la postura se tuerce igual.

 

Son estas:

 

1. La altura exacta para un niño.

 

Ni alta ni plana: la justa para que su cabeza quede alineada con el resto de la columna. Ahí se rompe el primer eslabón — si la cabeza no se adelanta, la barbilla no cae, y la espalda no se curva.

 

¿Y por qué las de siempre fallan aquí?

 

Una almohada normal está pensada para el cuello de un adulto — que mide el doble que el de un niño. Le empuja la cabeza hacia arriba y hacia delante, y toda la cadena que Nuria explicaba antes se dispara.

 

Justo lo que estamos intentando frenar.

 

Y una almohada "de niños" barata suele tirar por el otro extremo: es tan plana que la cabeza se queda casi apoyada en el colchón. 

 

Los hombros se van igual hacia dentro, la columna se dobla igual. Estropea la espalda por el otro lado.

 

La medida correcta existe y es muy concreta: la altura media entre el hombro y la oreja de un niño. La justa. Ni un dedo de más.

 

2. Una ondulación central que le recoge la cabeza y la sujeta en la postura correcta toda la noche.

 

Esto es lo que casi ninguna almohada del mercado tiene, y es lo que decide si funciona o no.

 

Piénsalo. Un niño no duerme como un adulto: se mueve, da vueltas, cambia de postura. 

 

Si la almohada solo tiene la altura buena pero es plana por arriba, en cuanto tu hijo se gira, la cabeza se desliza y vuelve a caer donde no debe. 

 

Toda la corrección deshecha.

Por eso una almohada normal — aunque por casualidad tuviera la altura buena — no sirve: es lisa. 

 

La cabeza no se queda en su sitio, se va deslizando por la superficie según el niño se remueve.

 

Y por eso tampoco sirven las "de niños" mullidas tipo nube: el niño apoya la cabeza y se hunde, la almohada pierde toda su forma en dos noches, y la cabeza cae otra vez donde no debe.

 

La ondulación correcta hace justo lo contrario. Recoge la cabeza en el centro y la sujeta en la postura correcta — se gire como se gire, se mueva como se mueva. 

 

Cada vez que el niño vuelve a apoyar la cabeza, la almohada lo devuelve a la posición buena. Automáticamente.

 

3. Firme por dentro, suave por fuera.

 

Y aquí está el detalle que hunde a casi todas las alternativas.

 

Firme por dentro, porque una almohada que se hunde no sujeta nada. 

 

Ese es el error de la mayoría de las almohadas "para niños": son mullidas, tipo nube, y pierden la forma a las pocas noches. 

 

Da igual el diseño que tuvieran: si no aguantan el peso de la cabeza, no valen.

 

Y suave y blandita por fuera, porque un niño no va a dormir sobre algo que le resulte incómodo — por muy correctora que sea. 

 

Ese es el error de las almohadas cervicales de adulto: firmes por dentro y firmes por fuera, y el niño las rechaza a la primera noche.

 

Porque la mejor almohada del mundo no sirve de nada si el niño no quiere dormir en ella.

 

Por eso, la almohada que Nuria le dio a aquella madre — y la que desde entonces recomienda a todos sus pacientes — es Dormidito Ergonomic.

 

Y no la recomienda solo porque cumple las tres cosas obligatorias — siendo de las poquísimas del mercado que las cumple. Sino porque además:

 

Es regulable en altura. Se ajusta a la medida exacta de tu hijo, y le va sirviendo a medida que crece. Una sola almohada, de los 2 a los 14 años.

 

Tiene un diseño con forma de peluche que a los niños les encanta. Muchas madres cuentan que sus hijos la abrazan al meterse en la cama, como si fuera un muñeco más de la colección. Así que olvídate de pelear para que duerma en ella: la va a querer para él desde la primera noche.

 

Está desarrollada por un equipo de expertos en descanso infantil específicamente para esto — es decir que no cumple las reglas por casualidad, sino porque compañeros de profesión que la propia Nuria conoce — la han midiendo cuellos, hombros y espaldas de niños reales hasta dar con la forma exacta.

 

Y ademas de todo, porque viene con 60 noches de garantía

 

Dos meses enteros — que es el tiempo perfecto para que veas un cambio significativo: notarás que ya no amanece quejándose de la espalda, que se sienta más recto y — lo más importante — que ya prácticamente no se le nota la joroba que le estaba saliendo.

 

Para probarla con toda la tranquilidad. Y si en ese tiempo no ves que su espalda mejora, o simplemente no te convence, no pagas.

 

Cosa que es prácticamente imposible que pase, ya que más del 95% de sus clientes acaban satisfechos — y tienen más de 15.750 clientes que la recomiendan.

 

Pero en el caso de que seas la poco probable excepción, te devuelven hasta el último céntimo.

 

Ah, y pensarás que siendo una almohada así, desarrollada por expertos, costará un dineral. Pues no.

 

Apenas vale un poco más que una almohada normal de las de siempre.

 

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Dejas de reñirle con él por la postura; Se acaban las broncas y los "ponte recto" que no servían de nada. Porque ya no le corriges tú de día: le corrige la almohada de noche, que es donde de verdad se decidía.


Deja de amanecer con la espalda cargada.; Poco a poco, esas mañanas en que te dice que le duele van desapareciendo. Porque sus músculos por fin descansan por la noche, en vez de pasarse diez horas en tensión.


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lee lo que dicen las familias que ya han probado dormidito ergonomic:

Manuela P.

✓ Verificado

"Mi hijo tiene 9 años y cada vez lo veía más encorvado, se le marcaba la chepa y todo. Compré una silla ergonómica de esas para que se sentase más recto, un corrector, en el médico nos mandaron ejercicios... nada, seguía igual. Vi esta almohada y por probar, tampoco era tan cara. Pues al mes o así me di cuenta de que llevaba días sin decirle que se pusiera recto, le salía solo. Y hace poco mi suegra me dijo que si el niño había pegado un estirón, que lo veía más derecho. Estirón ninguno, es que ya no duerme torcido. Muy contenta la verdad"

Rosa S.

✓ Verificada

"Mi hija se levantaba casi todos los días diciendo que le dolía la espalda y yo pensaba que era de crecer o del colegio. La compré sin mucha fe, porque no creo en las cosas de internet. Pues en cosa de una semana y pico dejó de quejarse por las mañanas. Y duerme mucho mejor, antes se despertaba varias veces y ahora del tirón. Se levanta con otra cara. Lo único, ojalá la hubiera conocido antes.."

Antonio P.

✓ Verificada

"Nosotros ya teníamos cita para valorar lo del corsé, así que imagínate cómo estaba yo. Me hablaron de esta almohada y dije mira, lo que sea antes de llegar a eso. A mí lo que me convenció fue que explican el porqué, que no es que el niño sea vago, es la postura en la que duerme. Total, que se la pusimos y cuando fuimos a la revisión la doctora se quedó sorprendida de la mejora y decidió esperar con el corsé. A día de hoy sin corsé y el niño mucho más derecho. No puedo pedir más."

no esperes hasta que sea demasiado tarde y acabe necesitando un corsé

Porque esto es lo que se acaba en cuanto corrige su postura al dormir con Dormidito Ergonomic:

 

- Se acabó verlo cada día un poco más encorvado, sin poder hacer nada.

 

- Se acabó repetirle "ponte recto" mil veces al día para nada.

 

- Se acabó que te diga "mamá, me duele la espalda" cada mañana al levantarse.

 

- Se acabó reñirle por algo que el pobre ni podía evitar..

 

- Se acabó rallarte cada día porque no sabes que mas hacer para arreglar su postura.

 

 

Y se acaba, sobre todo, el miedo de como sera su espalda de mayor o el de imaginártelo con un corsé..

 

Sin embargo mientras esperas, la columna se sigue deformando.

 

Y cada noche que pasa, el va tomando esa deformacion como molde, hasta que al final no puede más, y acaba con el corse.

 

Por eso y para evitarlo;

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¿Preguntas? 
Tenemos las respuestas

¿Por qué no me sirve cualquier almohada de niños, o una almohada baja?

Porque el problema no es solo la altura. Las almohadas "para niños" suelen ser blanditas, de las que parecen una nube: el niño apoya la cabeza, se hunde, y la almohada deja de sujetar. 

 

Y una almohada baja normal tampoco mantiene la cabeza colocada — en cuanto el niño se mueve, la cabeza se desliza y vuelve a caer donde no debe. 

 

Para corregir la postura hacen falta las tres cosas a la vez: la altura exacta, una ondulación que sujete la cabeza en su sitio toda la noche, y firmeza por dentro para no hundirse. 

 

Dormidito es la única pensada y desarrollada a medida para esto cumplir las tres, y corregir realmente la postura de forma eficaz.

¿Para qué edades funciona y hasta qué edad sirve?

Funciona para niños de 2 a 14 años. 

 

Y como la altura se regula, se adapta a cada niño y le sigue sirviendo a medida que crece — no se le queda pequeña al año siguiente. 

 

Eso sí: cuanto antes, mejor. ya que cuanto más pequeño es el niño, más blanda tiene la columna y más rápido se corrige.

 

A los 12 sirve, pero a los 6 se endereza antes. Cada año que pasa, la curva está un poco más asentada.

¿Es cómoda? ¿Les suele gustar a los niños? ¿La ondulación no les molesta?

Sí, y es de las cosas que más repiten las reseñas de los padres: que el niño se encariñó con ella enseguida. 

 

Por fuera es suave y mullida, así que para él es simplemente una almohada cómoda y calentita — no sabe que le está colocando la espalda. 

 

La mayoría se adapta en dos o tres noches, y muchos acaban no queriendo dormir sin ella. 

 

Y si tu hijo fuera la excepción, tienes 60 noches de garantía. Sin riesgo por probar.

¿Mi hijo se mueve muchísimo durmiendo, da mil vueltas. ¿Le va a funcionar igual?

Sí — y de hecho, los niños que más se mueven son los que más la necesitan. 

 

Piénsalo: si da mil vueltas, pasa la noche entera recolocándose sobre una almohada que le pone la cabeza donde no debe, una y otra vez. 

 

La ondulación de Dormidito hace justo lo contrario: cada vez que tu hijo se gira y vuelve a apoyar la cabeza, lo recoge y lo recoloca en la postura correcta. 

 

Se mueva lo que se mueva. Y hay otra cosa que muchas madres nos cuentan: que con Dormidito su hijo se mueve bastante menos. 

 

Tiene su explicación — buena parte de esas vueltas eran los microdespertares de dormir mal colocado. 

 

Cuando el cuerpo por fin descansa en su postura, deja de pelearse con la almohada. 

¿Cuánto tardan en notarse los resultados?

Desde la primera noche vas a empezar a notar que tu hijo descansa mejor: duerme más del tirón y se levanta con otra cara, porque su cuerpo por fin pasa la noche colocado. 

 

Ahora, corregir la postura no es arte de magia — es un proceso. En los primeros días notarás que deja de levantarse quejándose de la espalda. 

 

En las primeras semanas, que ya casi no le dices "ponte recto". Y al mes, el cambio se le empieza a ver a simple vista: los hombros más abiertos, la espalda más recta. 

 

A los 60 días, esa chepa se ha suavizado muchísimo o ha desaparecido prácticamente. Es decir el cambio es muy significativo

 

Por eso damos justo 60 noches de garantía: si en ese tiempo no ves resultados, te devolvemos el dinero. 

 

Aunque te adelantamos que, si duerme cada noche sobre ella, es prácticamente imposible.

¿Y si  mi hijo ya está muy avanzado le va a funcionar igual?

Sí - y de echo son algunos de los caso que finalmente mejores resultados acaban teniendo.

 

Piénsalo así: si tu hijo lleva tiempo durmiendo mal colocado, su cuerpo lleva tiempo trabajando en la dirección contraria a la que debería.

 

Así que en cuanto empieza a trabajar a favor, el cambio suele notarse antes y con más fuerza. 

 

De hecho, uno de los casos que te contábamos antes en esta misma página era uno de esos: un niño que ya tenía la cita del corsé puesta, y la propia doctora acabó aplazándola al ver la mejora. 

 

Eso sí: cuando el caso está más avanzado, cada semana cuenta el doble. No es motivo para rendirse — es motivo para empezar esta misma noche.